Rosse Marie Caballero

hojas de eva

 

 

Primera edición

200 ejemplares

Rosse Marie Caballero

2004

depósito legal: 2-1-1468-03

Cochabamba-Bolivia

ISBN 956-8230-10-6

Diseño de portada: Carlos Rimassa

Diagramación: Hernán Giurastante

 

Apostrophes Ediciones
www.apos.cl

Merced 324

Santiago - Chile

Tel / Fax: (56-2) 638 6245

e-mail: ediciones@apos.cl

 

A manera de prólogo

 

La poesía como arte auténtico va mostrando la complicada urdimbre del acontecer de la vida y, desde un tiempo atrás, la irrupción de nuevos poetas que significan nuevos libros, nuevas miradas, sensibilidades abiertas que hacen palpable exploraciones en lo más profundo del alma. En ese protagonismo está la poesía escrita por mujeres que, sin duda, se atreven a mostrar en sus nobilísimos versos un alma madura y el clima superior que las envuelve.

 

A esta voz interior pertenece Rosse Marie Caballero. Con recatada expresión vemos cómo va trabajando el pensamiento por salir afuera, por salir desde los rincones secretos de la emoción hecha de un constante ir y venir del paisaje al jardín, del aire al susurro. Y no de otra cosa está hecho su libro “Hojas de Eva”. Emoción sincera y bien expresada que se mueve con comodidad repleta de motivos revelando una austera serenidad ligada a las mejores disposiciones expresadas en la sugestiva forma del verso.

 

Este libro es, finalmente, un libro de poesía en el que muestra lo puro y esencial de un acontecer íntimo y reconcentrado, conceptos e imágenes que, partiendo de un acoplamiento con el mundo, mantienen un equilibrio de musicalidad y contenida pasión.

 

 

 

Carlos Rimassa
Cochabamba, Octubre, 2003

A los locos que me amaron un poquito.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


uno

 

Les sanglots longs

de violons

de l’automne

blessent mon coeur

d’une langueur   monotone…

 

Paul Verlaine

 



Candideces

 

Si pudiera retronacer

en aquel brillante atardecer

cuando niña el cabello peinaba

con peinecito de oro

 y horquillas de cristal

caroliluri caroliluri…

 

O si pudiera anudar un lazo rosa

en la frente virgen de mi adolescencia

volvería a enumerar las estrellas

cada una más pequeña y lejana

o volvería a mirar por los balcones

para ver pasar a los muchachos tristes

de aquel tiempo.

 

Pero el reloj es de acero

inquebrantable y sereno

sus agujas no transpiran el sudor

de los gentíos.

 

La sal del tiempo es polvo seco

tan blanco pálido como el olvido.

Si pudiéramos

caroliluri caroliluri

coralizar las rondas infantiles

en tonadillas silvestres de mil colores

o revenir los pasos perdidos en el camino

de ilusiones cristalinas con-fundidas

al calor de alguna lágrima…

 

Pero la nieve derretida es agua

y bajará por las laderas hasta la fuente

para volver a ser nube y luego lluvia

y, tal vez, en otra vida, otra vez nieve.


 

Tres

 De tanto amar

el amor ya fatigado

lluvia, céfiro, mares, vientos.

Vientos –duendes del Levante-

hojas secas, polvo, arena.

En el umbral los naranjos,

casi rojos, amarillos han tornado.

 

Nubes blancas, mortajuelas

grises, plomizas, esfumantes

en el fondo de la sombra se ha quedado

la encendida lamparilla titilante.

¿Cómo vencer al sueño herido

cuando el alma desterrada no camina?

Vientos –duendes del Poniente-

hojas secas, polvo, arena.

 

No camina, no. Duerme.

-trémulas palidecen sus mejillas-

O tal vez desfallecida sueña el eterno

navegar de los mortales.

 

Trashumante cielo oscuro sin arroyos

has de abrigar esa divina palabra

sin testigos. Una firma negra y sola

en el envés de la luna

dice adiós al buen destino.

 

Adiós... ¡ una palabra tan débil !

Vientos –duendes del Levante-

hojas secas, polvo, arena.

 

Hay que inventar la muralla que divida

el odio de palabras vocingleras

hay que verter en la tinaja de arcilla

otras aguas atmosféricas, más tranquilas.

 

Vientos –duendes del Poniente-

hojas secas, polvo, arena.

En el umbral los naranjos,

casi rojos, amarillos han tornado.


 

Feuilles d’automne

 

Te imagino

caminar bajo la lluvia

pisar las hojas secas del otoño

hojas secas del otoño

hojas blancas... hojas faibles.

 

Hojas secas, manto negro

gota a gota la lluvia fuliginosa

y  helada

con la brisa del invierno que se acerca

a pellizcos se ha encontrado.

Un paraguas tan delgado

sobre el corazón deshecho

cubre el llanto que las nubes

solitarias han dejado.

 

Pecho herido

cada frase tus arterias han sangrado

y en el rostro la mirada

de un vencido, de un vencido.

Por las calles lentas bajas,

te imagino

pecho herido. Las gaviotas

no navegan en la arena

sólo tú, vagabunda hoja seca,

vas rasgando lo intangible.

 

(Te imagino caminar bajo la lluvia).


La espuma

 

A lo lejos

la penumbra esclarecía...

manos pérfidas clavaron

en los pétalos de rosa desengaños.

 

Crisantemos amarillos

alelíes, sois la espuma, sois la espuma.

 

Las palabras

todas libres coqueteaban con la luna

y ella , sola, pobre, frágil pajarilla

las creía 

las creía.

 

Crisantemos amarillos

alelíes, sois la espuma, sois la espuma.

 

Los almendros

de sus grandes hojas quietas

desprendían

las mentiras

las mentiras.

Por su boca transitaron

bellas sílabas desnudas

por sus dientes perfumados

los fonemas

escapaban 

escapaban.

 

Crisantemos casi, casi amarillos

sois la espuma, sois la espuma.

 

A lo lejos

la mirada de un poeta

al claror de una vidriera

escribía

escribía

y las ráfagas de viento

cual cuchillos afilados

al cristal de su mirada

transgredían...

transgredían.

 

Crisantemos casi, casi amarillos

casi, casi  sois la espuma... la espuma.


Caen las hojas en el otoño

 

Caen las hojas en el otoño

arces, álamos, cipreses

la noche quieta en la ventana

despide al día, lejana estrella.

 

Vuela el símbolo mágico de las palabras

susurra el viento al polvo el canto

de un cisne ausente que está muriendo

caen las hojas en el otoño...

 

La tierra enjuga su última lágrima

un cirio azul dentro la esfera

rima la danza de los latidos

arces , álamos, cipreses.

 

Arces, álamos, cipreses...

el monte esconde en su mirada

la hoja sagrada maniatada

abre su vientre y en él la encierra

caen las hojas en el otoño.


Espejismos

 

Ojos linces...

le brillaban ilusiones cual jazmines

y el color limón sutil de su mirada

el paisaje del adiós desdibujaba.

 

Nardos blancos

tantas flores, tantos cardos...

 

Desde el mítico fondo del lago

llamaba el dios de la isla

el del sol,  el de la luna

la escalinata de pulidas rocas viejas

por los siglos de los siglos

en su corazón de indio reposaba.

 

Nardos blancos

tantas flores, tantos cardos...

 

-¿Conociste tú las flores de tu entorno?

-Sólo hierba y pajabrava

-¿Y por qué de tus montañas escapaste?
-No lo sé.. para buscar en los huertos

de otras tierras mi jazmín o cardo blanco

que entre sueños su perfume adivinaba.

 

Nardos blancos...

tantas flores,  tantos cardos

en la barca de papel azul finísimo.

 


Te esperaré

 La muerte llegó muy temprano

apenas el alba clareaba

al frente de mis ojos

tal vez el fulgor de otros ojos

de antaño obnubilaron la luz

la nieve en los picos del Illimani

gritaba el amor que por tus labios fluía.

 

Entonces canté

las melodías de la brisa junto a mi ventana

calmé la sed con el agua

de tu cántaro de arcilla.

 

Aquellos años impalpables,

solitarios gigantes inatrapables.

¿Sabes?

Inatrapables sí, pero no inacariciables.

Crié unos ojos verdolagos

límpidos como el cristal

crié tu piel bajo mi almohada

y viví ahí, recostada junto a tu sombra.

 

Tú vagarás por el mar de puerto en puerto

y yo  -tal vez-  esperaré

sobre una barca de madera envejecida

o dentro de un ataúd fosforescente.


 

Tal vez

 Tal vez algunos nombres he olvidado

de aquellas luces que brillaban en la estepa

fueron lumbre, fuego, incendio, estalactitas, meteoros, asteroides.

 

Los caminos de mi tierra

arrastran sombras que deambulan

cementerios desolados

de crisantemos encrespados.

 

Tal vez alguna lluvia

dejó una gota en La Tablada

que no moja ya la hierba

porque es poca

corre el río y la cigarra

canta al agua su abandono

mas no es canto, es poesía

que el rumor del riachuelo

no percibe.

 

Corre el río y

la cigarra gime su melancolía

una barca de papel

en ella se hunde

y el agua quieta y tranquila

inocente de su pena

fluye abajo tan callada.

 

El cirio triste azul flamea

lánguidamente el ave vuela

la circunferencia se va cerrando,

el ave en ella se va asfixiando

 

La cigarra, a lo lejos, un brinco

otro brinco, el grillo, el cántico,

la espuma.

Tal vez algunos nombres he olvidado.

 


Madre

 Una rosa peregrina

-poesía de aroma en movimiento-

llegaría hasta tu huerto

-hermana de la fragancia- madre sola.

Desde tu alma iluminada

su perfume de ilusiones ha brotado.

 

Una rosa deshojada del jardín de la inocencia

color, alas, terciopelo…

tu corola de sonoros pétalos desnuda.

Madre, entregada ante la cruz de la ausencia

martirizas pálidas tus manos en el fogón apagado.

 

En las sobrias porcelanas de oferta

depositas la mirada, triste, sola

caminando un paso y otro y otro paso

las laderas de recuerdos añorados.

 

¿Dónde volaron las aves que tu nido han dejado?

otras tierras tramontaron, mares, aires

tras las huellas imperfectas del destino.

 

Amanece en tu ventana y sollozando

has descuidado la flor que regándola criabas.

La flor se hizo fruto y del fruto la semilla procreada

regresa a ti en un paquete postal, fotografiada.

 

Tu vida no vale nada sin el canto

que las voces de tus hijos olvidaron.

 

La semilla en otro huerto sonriente

sembrarás una mañana de estío

semilunas en tus ojos han de abrigar ese sueño

y volverás a regar otras plantas, otras flores

y otros frutos de tu estampa, madre sola.

 

Y en tu pelo ha de posarse la espuma

nieve, blanca, fina y suave

de los años impalpables que han pasado.

 


Dos joyas

(a mauricio y mónica)

 

Como astros altivos

dos joyas en jade engastadas:

uno diamante, la otra amatista

el primero rubí, la segunda

perla de coral.

 

Dos dioses olímpicos

el sol y la luna

uno el bravo río, la otra la mar

ésta la montaña, el otro el cielo.

 

Dos imperios:

el Incásico y el Gran Paitití

emergen perennes

creando la patria

firme, augusta, solemne

el niño y la niña

que Bolivia abriga.

 

La caracola
La caracola arrastra su vagabunda herida,

se aleja soberana: el acantilado

-cementerio de cristalinas sensaciones-

despoblado. A lo lejos navegarán otras velas

al soplido fantasmal de algunos vientos.

 

Apenas la ventanilla nostálgica

de unos días terminados:

TODO HA MUERTO

la poesía no es, ya no,  poesía

se ha quedado archivada en un folio

de carpeta bien labrada.

 

Volver

adonde nadie espera

al infinito mar del Poniente

las palabras han callado sus símbolos apagados.

Volver

sin el unísono grito de la esfinge

con el dolor implantado en las arterias.

 

Marinero, la barca se ha transformado

en roca, arena o sal.


 

La vida mató a la muerte

 Una sola vez murió la muerte

(ella sigue imperturbable y callada

en su habitación ilícita).

La sal parida por su volcánica boca

se llevó azogada la respiración del espejo.

 

¿Qué es la vida?

 

La viajera de un tren desconocido

una estación de frontera

que espera inconmovible su apertura

una falla de cartón para la Cremà

o una tora en Zaragoza que danza contra el torero.

 

Una quimera clandestina.

 

¿Y qué la muerte?

 

Un sepulcro blanco sin ruido permitido

la tristeza del viento en las montañas

una languidez sin adjetivo

o una lengua extranjera incomprendida.

La enigmática  utopía.

 

Ningún secreto es ya secreto

sólo el silencio mudo del silencio.

 

La vida vive mientras escribe su poesía.



dos

 

 

El bosque entona canciones de paz

o fieros poemas de olvido.

 


El manifiesto

 

Sufro

por el devaluado nombre de mi patria

por los guardias de museos en el mundo

por la indiferencia del turista multilingüe

por los niños en los lienzos mal pintados.

 

La sombra esparce sus mil enigmas

el ancho bosque verde ha  cambiado

en negro fuego sus lentas hojas.

 

Protesto

por el esplendor de capitales milenarias

por la miseria de los pueblos conquistados

por las religiones que han ateízado la palabra

por la geografía que ha marcado el destino de los hombres.

 

 

La sal devora del mar las aguas

tierra y montañas se yerguen crueles

arena y rocas cubren los campos.

 

Solicito

romper las fronteras hilvanadas en la épica de los siglos

construir un paraíso infinito donde los exploradores

no perturben el sueño de la luna

dialogar con el amor que no necesita traductores

saltar de la cruz en la que nos habéis eternizado

plantar una bandera blanca en el mar.

 

Las olas funden la vida y muerte

se abren los cielos omnipotentes

tiemblan los ángeles frente al Final.


Euroamérica

 El Viejo Continente, tan viejo

salta la soledad. Es piedra.

Las encinas, los olmos, alcornoques

granito, arena. Es piedra.

 

La soledad doncella del silencio

el romero, tomillos, el enebro.

Las cuerdas de un violín derraman

una lágrima. El mar mediterráneo

asoma alguna vela.

 

Aquí todo está programado:

también las despedidas.

Madroños y los fresnos,

sauces enamorados.

Las calles aprisionan una mano

sin sueños. Todo está programado.

 

Yo vengo del Nuevo Mundo

allí donde la selva se besa con los ríos.

Tajibos, almendrillos, el gran jacarandá.

 

Allí donde el indio me cubre con su poncho. Arena, rocas cerros.

Allí donde se baila con una tamborita

y una jarra de chicha no falta en nuestra fiesta. Los molles, el chillijchi, los altos eucaliptos.

 

Vengo del altiplano, del chaco, de los valles...

vengo del Nuevo Mundo

y allí, sí,

-plantadas mis raíces-

un árbol quiero ser.


 

Canto en  la Puerta de Alcalá

 Madrid, cruel ave blanca

entre el bramido de oscuros toros

danzas flamenco y aplaudes fiera

las felonías de tu bravura.

 

Pasan los toros, toros furiosos

bajo la Puerta de Alcalá

pasan sombríos los diez toreros

que ayer perdieron en dura lid.

 

No intentes, Madrid, quedar encinta

que ya has parido trescientos mil

las noches negras te han pagado

por tu silencio de gato en celo.

 

Pasan los toros, toros furiosos

bajo la Puerta de Alcalá

pasan sombríos los diez toreros

que ayer perdieron en dura lid.

 

Salen azules los españoles

de sus guaridas de vino y pan

tienen su historia sobre la espalda

que ha marcado sangre y desdén.

                                      

 

Sangre y olvido no viven juntos

tu huella nunca se cubrirá

llanto has causado entre mi pueblo

y ello por siempre te pesará.

 

Pasan los toros, toros furiosos

bajo la Puerta de Alcalá

pasan sombríos los diez toreros

que ayer perdieron en dura lid.


 

El llanto de Narciso

 Narciso llora mirando el fondo

de las aguas que emanan su memoria

el mito griego cambió su historia:

su hermoso espejo en un desierto

inmensurable se  transformó.

 

La patria ausente callada gime

estelas de oro pende en sus hijos

regados duelos por otros mundos

pierden su esencia dejando el manto.

 

Narciso encuentra en otras tierras que

no es tan bello su cuerpo entero

la fuente añora su antigua casa

verdes praderas, nevados cerros

las aves trinan  en otras ramas

tristes canciones de la teluria.

 

Europa esculpe nuevas leyendas

vienen los mares trayendo naves

de olas lejanas americanas

saltan alegres los caracoles

mas, no es su gloria en esta playa.


 

 

Melodías de mi pueblo

 El frío de las montañas

la pobreza de mi pueblo

los niños vientres de seda

al viento soplan sus penas.

 

Acuchillan la tristeza

salen, entran los fantasmas

una sombra encadenada

atraviesa los tejados.

 

Las lejanas primaveras

hacen juego con la ausencia

el horizonte ha hilvanado

sus bordes con los nevados.

 

A lo lejos sueña un ángel

es el indio con su poncho

siente el alma la miseria

de los hijos desnudados.

 

Una mano pide entonces

llenar de pan o monedas

los cultivos han negado

sus frutos en el poblado.

 

El frío de las montañas

la pobreza de mi pueblo

un punto de Sudamérica

en el centro de la tierra.

 

Por las noches

las estrellas parpadean

una de sol, una de luna

las porciones escasean

de patatas y de trigo.

 

El frío de las montañas

la pobreza de mi pueblo

bastaría un sembradío

lleno de flores de tuna.

 


Cerro de San Cristóbal

(a Tania)

 

“Perdón por la lluvia de Chochi” –escribía Azócar

“Las interminables lluvias de Temuco”, Neruda.

 

La lluvia pérfida cae cansada

por la alameda de Santiago

helada cae delgada

fina (hilos de plata), pero mezquina.

Llueve de a poco por la mañana

más tarde un poco y toda la noche otro poco.

                                            

La lluvia fría por la pradera

persigue amantes que huyen corriendo

botas de caucho, negros paraguas

a paso firme las avenidas.

 

Blancas las gotas como el nevado

rasgan cristales en las ventanas

torvos paisajes desdibujados

miran tras ellas los solitarios.

 


Hiela de noche sobre el Mapocho

cruzan los coches a toda prisa

tristes las luces solas se miran

lloran la pena de San Cristóbal.


 

 

Isla negra

 

Amanece.

Tu territorio despierta, Neruda

en la playa olvidada del tiempo

encrespadas las olas

más bellas y blancas de invierno

devoran ansiosas tus versos del alba.

 

Embravecido el Pacífico

los hitos de rocas eternas golpea.

En la espuma ha quedado tu nombre atrapado

allá donde perfecta tu mirada labraba

los poemas del mar infinito.

 

Atardece

En tu patio son marchitas las hojas

de viejos escritos al viento

cada paso que diste en la casa

su huella ha dejado de dolor o de lumbre

como dos ventanales abiertos al Inti

increíblemente amarillo de este lado del mundo.    

 

Refulge  brillante el lejano horizonte

son el color de la arena y de los naranjales

que han prestado sus tonos de fuego al Poniente.

 

Atardece... Son las siete en punto

en la mesa del bar tus amigos esperan

que les sirvas el vino -como antes tus risas-, pero tú no caminas, Neruda, descansas

bajo el florido mantel de pequeñísimas lilas

extendido en el lecho de tu tierra isleña.

 

La metáfora en sonoros pinceles de jade

ha anclado un poema en tu estrella

desprendido del cielo por toda la Costa.          

 


Transparencias

 ¿Alguien ha visto acaso

 en mi cuaderno desnudo

las horas que yo he pasado

contemplando sus letras

aquellas corolas rojas de volcán con espermas

o esas lilas marchitas bajo un zapato viejo?

 

Aquel cuaderno quieto

que enumera miserias

en el rincón tranquilo

de mi cuarto alquilado,

aquellas horas huecas

dedicadas al peinador sombrío

tras cortinas de make-up

para disminuir estrías.

 

¿Alguien ha visto acaso

la soledad de la cigarra

bajo la piedra muda

solfeando canciones

en la noche preñada

de incontrolables penas?

¿Han visto la mudez del minero

en los mercados del contrabando penado,

o el alimento del campesino

en el árido altiplano?

¿Dónde está la bravura de otros tiempos

dónde la raza de bronce que ha caído

al abismo de un mundo globalizado?

 

¿Alguien ha visto acaso

el dolor de los trenes

cuando parten piteando

la tristeza del viento

 

que se queda en los andenes

de la ciudad vacía,

o la melancolía de una banana

demasiado madura en la basura?

 

La vida de un ser humano

o de una piña verde

vive del mismo aire

que consume una mosca.


 

 

London

 In London Gatwick

nobody looks for us

pasan las plumas de aves

por los pasillos del indiscreto

y acorralado aeropuerto.

 

Plumas rosadas, plumitas negras

amarillentas, color de tierra

o plumas blanquitas. Las hay

rojizas de rostros lentos

otras son plumas de tres colores:
la piel, el pelo, los ojos tibios.

 

 

In London Gatwick

nobody looks for us

plumas, plumitas, plumaverales

¿dónde volasteis en otra nave?

lejos tomasteis el vuelo errado

aquí os espera el ave que un día

fue la guarida y adiós zarpasteis.


 

 

Charente, adieu

 La neblina blanca, la hierba de ocre

anuncian otoño en el gran París.

Lejos va la barca que zarpó la playa

Eiffel nos espera, Biarritz atrás.

 

La bella Charente, Balzac y el castillo

y todas las musas de la creación

su manto extienden cual hojas resecas

y unas lenguas negras me dicen adiós.


 

Dueño de paisajes

 

Con los colores

al

          v

                    i e n

                                 t o

juegas

 

rose pale, écarlate, vert olive

 

La noche intrépida espera inquieta

que la hagas tuya en cualquier pose

buscas las sombras en el paisaje

y en ella expira lánguido el clímax.


 

La  Seine

 Otoño viene saltando charcos

en el suspiro de cualquier gato

viejos amantes bailan al tango

mientras la luna desnuda lobos.

 

Traen sus hojas miel y esmeralda

las poetas solas asoman lentas.

 

La ciudad brilla entre las aguas

del río Sena, aguas de oro

las barcas llegan bajo la noche

las poetas cambian, bravas, la Historia.


 

Un pañuelo blanco

 ¿Cómo remover las algas del mar

 comprimir las nubes del cielo

o buscar piedrecillas preciosas

al borde de un río

o perlas marinas debajo la arena?

 

¿Cómo encontrar las promesas perdidas?

¿volviendo a nacer o muriendo de nuevo?
Las ostras contienen las claves del oro

tus cartas apenas quimeras prohibidas

las voces mentidas son larvas resecas.

 

Van miles, millones de horas varadas

en los minuteros marchitos del tiempo

tú no sufres nada. Naciste riendo

en tu pecho han puesto corazón de hielo

y el frío de invierno perdura en tu alma.

 

¿Cómo navegar sin barco en la orilla

tramontar Los Andes o Los Pirineos?

La balsa ha expirado anclada en la playa

las nieves forjaron fronteras gigantes

mis manos flamean un pañuelo blanco.


 

No quiero escribir

 Ya no quiero escribir.

Es más, yo renuncio

a la dicha de la palabra

a la ventrílocua tempestad

 del silencio

y quiero ser tierra

y barro

y casa

y dulce...


tres

 

 

 

 

 

“…Si entendiera todos los misterios

Y todo conocimiento,

 y si tuviera toda la fe,

de manera que trasladara montes,

y no tengo amor,

nada soy”.

1 Cor. 13.2

 

 


Obsesión

Un

faro

infinito

me

llama

y

yo

casi

como

una

estatua

de

arena

tengo ansias

de acudir

sé que

nada

es

la

lluvia

cuando

no

llueve

nada

la

nieve

cuando

no

nieva

nada

la

mar

si  no llega

el verano

y las gaviotas

mueren

como yo

en la playa

sin esos ojos

que no me miran.


 

Sirena

 Me desnudo

intrépida

en la playa

sal y agua

incitan

mi encanto.

En la arena

mi grito

ha quedado

flagelado

por los rayos

voluptuosos

del sol.

Caracoles

y estrellas marinas

se han posado

en la orilla caliente

y galopan

caballitos de mar

por las dunas.

En otoño

el mar no florece

y las olas

se llevan

lejanas

gaviotas.

En la isla

el rocío

ha caído

como perlas

de nieve y cristal.

 

Me desnudo

y el viento

azota mi cuerpo

y mi alma

naufraga

en la mar.


 

Toledo y tú

 El abandonado parque de Toledo

la solitaria cabaña que relata

mil historias escondidas

de otros cuerpos y otros tiempos.

 

En aquel instante en que te acercaste

a mis vagabundas ideas

sentí una lluvia de fuego en mi alma

me mojó y me quemó, a tu lado, callada.

 

Toqué tu piel con mis ojos

y besé tus palabras con mi aliento

respiramos juntos el aire discreto

pero vendaval por dentro de algún secreto.

 

A las siete. Te veré de nuevo a las 7:00

y -quizá- beberé esa gota de agua

que resbala por tu firme rostro...

espero, soñando, que el reloj avance.

 

 


Eslabón perdido

 Cuando partió el agua de su fuente

llorosos los álamos decían

que vendría por la tarde

junto al centinela del camino

volvería.

 

Pasaron silenciosos los días

con sus tardes y sus noches

y la fuente se ha secado,

no has llegado todavía

y la roca que atraviesa la espada de tu olvido

talla su melancolía.

 

 


Descifrando fantasías

 El viento relame las hojas de los árboles

mis manos empuñan un lento recuerdo

aún no te has ido y me quedo mirando

la lumbre que dejó la luna

allá… arriba del techo

donde se ha posado una estrella caliente.

 

Ven, acércate y piensa en la brevedad del silencio

encallado en las grietas del tiempo

mañana es otro día

y no creas que será el mismo suspiro

que gemirá el gato.

 

Bajo la luz de mi alero rosado

te digo  ahora lo que es probable olvide esta noche

cuando desanudes mi corsé al descuido.

Ven, amor, y respira el aroma

que ha dejado el viento entre  mis cabellos

que mañana no sabes si caerá la lluvia.

 

 

 


Del otro lado de la cortina

Te diviso

y te vas perdiendo

como neblina

apagando la débil llama del destino.

No pretendas ser la luna

si apenas cabes

en la riela

de las algas

en la música

fúnebre

de la apatía

en tus zapatos

robados.

 

Apenas tu silencio alcanza la agonía

de los hijos perdidos

en la miseria

de la vida

que tiene hambre.

Te diviso

y te vas quedando

como entre sueños

hecho vacío

hecho silencio

hecho olvido.


 

Quimeras

 Fueron las rosas inexistentes de tus palabras

las amatistas

que adornaron tu corona

los laureles de roma en la basura

y la cremación en la fiesta de Valencia.

 

Quimeras

las batallas por cada día sin pan

por la lluvia que no llena los graneros

ni el bolsillo de tus pantalones rotos.

 

Tragedia

desolación intelectual

olvido forzado a olvidar.

Esbozar una quimera en los labios

de virgen desvirgada

de roca recién tallada

sin escultor de renombre.

 

Quimera la vida, hermano

         hay que mirar adelante

          y prenderles fuego

          a las cosas que nos queman

          echarle agua a la lluvia

          y patalear con la suerte

          noctura señora oscura

del mundo que hoy da vueltas.


 

 

Recontando residuos

 Enlazando hilos plateados

matando ilusiones intrascendentes

¿será?

¿O son ilusiones que definen vidas

demarcan destinos

limitan territorios durante años?

 

Ilusión illusion illusien

 

Cristalina, de nácar, de aire, azúcar

pompa de jabón, impalpable

al calor del sol

o al frío lacerante del invierno.

 

O te hace grande o desparrama

a los cuatro vientos

en cenizas a encontrar

una calle ancha con garaje de granito

donde almacenar resabios que

se van desprendiendo de esa cosa

denominada alma

y jugar al puzzle con tus sueños mutantes…

Las estaciones trascienden

y sólo van quedando las láminas

invisibles del tiempo

en las manos que se llevó algún duende.


 

 

Floración del subconsciente

 

Una barca

sobre el agua color ocre del océano

una barca envejecida con dos cuerpos

solitaria entre las turbias olas se mecía

unas ansias de pasión entre las piernas

los amantes en sus bocas despedían.

 

Esa barca se alejaba y yo sin ella

me quedé en un estanque y ella se iba

con las manos imposibles para el vuelo

pude oír que mi nombre se decía.

 

Mas, como es sueño, en sueños una canoa

para mí se desprendía

y en ella aparecí junto a aquel hombre

vi su rostro mas no era conocido

y tenía las mil formas de un amante

él me amaba y lloró junto a mi pecho

y me dijo que jamás se alejaría.

Suspiré

y en un suspiro de aquel sueño

desperté

y perdí todo  aquello que vivía.


 

 

Algún día

 Temblando. Me dejas temblando

como hoja al viento reseca

olvidaste el día de grises aleros

pegaste el cerrojo de azules quimeras

y rumbo a despojos volando has partido.

 

¿Qué puedo yo hacer si me amas?

tu tiempo ha pasado y ya no voy contigo

al café ni a la iglesia de la esquina vacía.

 

¿Acaso en mi tumba promesas plantaste?

¿para qué?

¿para revivir el amor que te he dado?

ese amor ha muerto

y otro ha reencarnado

y así por los siglos de los siglos

hasta que aparezcas y…

quizá renazca en tu cuerpo

y podamos finalmente

decirnos

“adiós,

yo también te he amado”.

 


Des idées et des mots

 Hay un hueco en la garganta

es un hueco sin validez

no traduce la profundidad del alma

ni traduce el metafísico pensar.

 

Tú. Mental imagen, tez canela

no percibes, pues no oyes

lo que el hueco umbral faríngeo

quiere, pero no puede decir

no oyes ni lees en el limbo labial

pues no estás, tez canela. Lejanía.

 

Hay también un ultrasecreto espacio

entre el frontal y el parietal

enmaraña las ideas, las sublimiza,

pero no las puede expresar.

 

Tú. Aroma de estío. Piel almíbar

te entremezclas ahí dentro, las provocas.

Las ideas te aprisionan, te poseen,

pero tú no sientes nada. Piel ausente.


 

 

La traición es una máscara blanca

 27 horas

faltaban

para la cita indiscreta

pero la luna

no esperó

se fue al encuentro

de su camino

la noche la acuchilló

en medio de los arbustos

del viento irascible

a la orilla de aquel río seco

una y otra vez.

 

Quizá fueron doce

o trece

o quince

la sangre brotaba

roja y huidiza

quizá fueron más

pero aquella noche

la luna solita

se quedó llorando su suerte maldita

entre los ramales dejando

su alma

ya sólo su cuerpo

regresó a casa.

 

La noche la ha cubierto

con una máscara blanca.


 

 

Balada de la luna
Cadencioso cruza un gato el tejado

a la hora en que se citan los amantes

las higueras entrelazan emociones

se yergue el aire bramante

para traspasar aortas.

 Otro gato le persigue, o tal vez gata,

en la amarillenta transparencia de la luna

la luz se enciende prohibida

en el ventanal vecino

techos y calles hiela el invierno

y afuera, donde comienza el silencio,

un amante continúa

en espera confundido.

 


Hombre lobo

 Bajo una luna aquella sombra

camina leve y cae al fondo

de un abismo, mas es paraíso

que envuelve hojas y parpadea:

una de Adán, otra de Eva

una de hombre, otra de moza.

 

Pronto la luna…

evoca el lobo

la luna gime y el lobo besa

sus ojos lentos

pero ella huye

él la persigue y aúlla su nombre

ella no escucha y corre sola

por la pradera de suaves luces

hasta el aroma de un eucaliptus.

 

El lobo entonces mira sus manos

no tiene alas, la luna escapa

sube a las nubes y desde ellas

dice “hasta luego, vuelvo mañana”.

 

El triste lobo se queda solo

y poco a poco se va cambiando

las vestiduras que son de hombre

y torna tibio a su morada

a echar de menos las noches bellas

de luna llena sobre su almohada.


 

Balada del hombre lobo

 

Prevista

la cita erótica

el lobo espera

la hora en que la luna

redondea su figura

y en su brillo azul

flamea

corpiños de seda pura.

 

El hombre entonces

despedaza la camisa

lobunos latidos del pecho

le brotan

el vello en el pubis

se transforma en pieles

y cubren su cuerpo

y dejan su alma

irse con el viento

a encontrar la luna

que se ha dormido

entre los pajares

esperando al lobo


y juntos inician

su romance erótico

la luna le baila

su danza prohibida

el lobo la viste

de fuego en los senos

le toca los labios

y sella con ellos

mítica leyenda.

 

Los dos se consumen

y en aquel incendio…

corren las cortinas

hasta que de a poco

el sol aparece.

 




Índice

 

                                  

 

A manera de prólogo             7

Dedicatoria                           9

     

Uno                              11

Candideces                           13

Tres                                     15

Feuilles d’autumne                17

La espuma                            19

Caen las hojas                       21

Espejismos                           22

Te esperaré                           24

Tal vez                         26

Madre                           28

Dos joyas                             30

La caracola                           31

La vida mató a la muerte        32

 

Dos                              35

El manifiesto                        37

Euroamérica                         39

Canto en la Puerta de Alcalá   41

El llanto de Narciso               43

Melodías de mi pueblo           44

Cerro de San Cristóbal           46

Isla Negra                             48

Transparencias                      50

London                         52

Charente, adieu                     53

Dueño de paisajes                  54

La Seine                        55

Un pañuelo blanco                 56

No quiero escribir                 57


Tres                                     59

Obsesión                       61

Sirena                           62

Toledo y tú                           64

Eslabón perdido                    65

Descifrando fantasías             66

Del otro lado de la cortina             67

Quimeras                              69

Recontando residuos                     71

Floración del subconsciente           73

Algún día                             74

Des idées et des mots             75

La traición es una máscara blanca   76

Balada de la luna                   78

Hombre lobo                         79

Balada del hombre lobo          81

 

 

 

Compteur Général : 

 

 

 

Retour Portail